• Elenita Tavelli

Postales de fin de mundo


Cronopios se inunda de olor a brea y el aire se carga de una oscura densidad. No hace mucho desde que el suelo de cemento alisado absorbió, como un agujero negro, el vacío de la sala más grande del Centro Cultural Recoleta. De esa acumulación excesiva de energía, afloró una enorme topografía de asfalto. Aún viscoso y pegajoso como la lava, en él sus partículas parecen luchar al ritmo de la luz para evitar unirse del todo, como si reactivarse todavía fuera una posibilidad. Mientras tanto, la idea extraña de un médano pavimentado reduce el paisaje natural a un terreno impermeabilizado e infructuoso donde nada crece, nada se sostiene y todo desaparece.

“Arena Parking” es una instalación site-specific de Matías Duville para su muestra homónima

curada por Carlos Herrera. También artista, éste último dio que hablar tras ganar el Premio

Petrobrás en la edición arteBA 2011. “Autorretrato sobre mi muerte”, un pareja de calamares en descomposición dentro de un par de zapatillas, hacía alusión al género barroco del memento mori (Recuerda que morirás).

Un tema que bien podría ser el statement de obra de Duville y del que por supuesto “Arena

Parking” no se escapa. Porque el asfalto, la fracción más pesada del petróleo crudo, es como

nosotros, un recurso natural no renovable. Tarde o temprano, nuestra civilización llegará a su fin y se convertirá en nada más que pasado geológico acumulado bajo capas, capas y más capas de sedimentos.

La sensación de lo apocalíptico es una constante en su obra, que puede verse replicada también en la serie de dibujos exhibidos en la sala contigua. “Edificio” es una serie de doce trabajos de esmalte, carbonilla, pastel, brea y birome sobre papel en los que predomina el color negro. La hoja, punzada por la intensidad con la que fue trabajada y manchada por el trazo suelto de la carbonilla, hunde a paisajes insólitos y deshabitados en una nebulosa gris de la que es muy difícil escapar. Duville construye la destrucción en papeles lastimados. Sus composiciones van desde coníferas sin tronco ni raíces flotando a la luz de la luna, hasta un volcán enardecido estallando en garabatos azul Bic. El horizonte ha desaparecido y como si nada, en otro de sus tantos dibujos, un par de cisnes navega un remolino infinito y tan turbio como oscuro. Incluso aquello que creíamos poder controlar, como una bola de nieve, de esas de cristal trasparente que encierran paisajes nevados en miniatura, está rota yqueda ahora totalmente desprotegida frente al ataque de los rayos del sol.

En contraposición a estas imágenes de un mundo sin nosotros, la humanidad se hace presente en forma de cápsulas de tiempo. Enterradas en una especie de excavación arqueológica, estas imágenes demuestran que al fin y al cabo, no somos más que vestigios antropológicos para quienes ocupen la tierra al fin de la civilización.

Desolados otra vez, la última sala nos lanza al espacio mediante la fuerza del soporte

audiovisual. Elespacio entendido como lo universal; aquello que creemos tocar cuando nos

hacemos preguntas tales como hacia dónde vamos, qué quedará del mundo sin nosotros y sobre todo, si es posible entender al mundo sin humanidad. En “Escenario proyectil”, la oscuridad del paisaje inhóspito alcanza su grado máximo de tensión. Es de noche, hay tormenta y marea alta. Los rayos iluminan lo que de otra manera no podríamos ver; un edificio abandonado al borde de un acantilado. Después de eso, oímos la progresión rítmica de las gotas de lluvia y un sonido metálico, pero ya nada vemos. Ya nada queda.

Arena Parking encarna la inconmensurabilidad de la angustia humana del porvenir

materializada en la soledad en suspenso, el vacío opresivo, el gris absorbente y la reciente

destrucción. Una lucha entre la oscuridad y la luz, lo grande y lo pequeño o el vacío y el lleno. Es la eterna dialéctica hombre-universo. Pero ante tal impotencia, el resplandor del asfalto, del grafito y de los rayos, nos recuerdan que la naturaleza, aún maltratada, resiste por sobrevivir; como si reactivarse todavía fuera una posibilidad.

Matías Duville: Arena Parking

Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, Argentina.

Junio 2015

©Elenita Tavelli