©Elenita Tavelli

  • Elenita Tavelli

Límites inciertos


Se llama Azul y tiene el pelo rosa. La madre dibuja y el padre pinta. Ella prefiere no encasillarse en ninguna disciplina y oscilar, en cambio, entre la pintura, la escultura, la animación y el modelado 3D. Los protagonistas de sus obras son siempre los mismos; una suerte de híbridos entre el reino vegetal y animal tan seductores como amenazantes. Son seres extraños, pero no por eso ajenos a nuestras fantasías de aquello que se esconde en las profundidades del océano o en aquel planeta sin descubrir.

“Los límites del soporte” es la primera muestra individual de Azul de Monte en Alpha Centauri. Una galería que comparte una vieja casa del Abasto con un boliche, una sala de ensayo y un taller de escenografía. Dentro de ese barrio sin fronteras, donde los colores del altiplano conviven con la comida Kosher, la artista, de 27 años, expone entre pruebas de sonido y amoladoras.

En la sala, pequeña como Azul, la puerta se cierra sin aviso, las luces se apagan y la

claustrofobia aflora. Un proyector explota en tonalidades, texturas y formas diversas para

encarnar a estas criaturas fitomorfas, que flotan en la nada sobre islas de ensueño. Los colores, estridentes y vibrantes, se embeben en ritmos eléctrico-metálicos para darle entidad y voz al límite, ese con el cual la artista no simpatiza. En un tono absorbente y dominador, una seguidilla de subtítulos traducen sus movimientos:

“Soy la belleza y la noche / Soy una opción que construye y destruye / Soy la ilusión de tu

estabilidad / Disfrazo tu muerte, me alío a lo desconocido / Me alimento de tu miedo / Moldeo tu deseo a mi semejanza / Soy tu creación más viva y tu propio testimonio / Encanto tus sueños y destruyo tus logros / Soy la serpiente y la cola / Soy el agua que se escurre entre tus manos”.

Finalmente, una voz distorsionada deja la sala en penumbras otra vez y las imágenes, todavía en movimiento, se trasladan hacia una hilera de pantallas laterales. Una tras otra, van encendiéndose a medida que seleccionan una escena para retener. Cada recorte queda preso de su soporte hasta que éste, sorpresivamente se apaga y la sala vuelve a la oscuridad. Silencio.

Abren la puerta y se encienden las luces. La proyección se cortó y las pantallas se

ennegrecieron. Ya todo terminó. Sin embargo, el caudal de imágenes que no hace mucho

inundaba la totalidad del espacio, ha quedado impregnado en el lienzo que cuelga de la pared de en frente. A su lado, una vitrina exhibe criaturas muy similares modeladas en porcelana fría. Parecen restos fósiles; son la génesis del trabajo de Azul.

Igual que Alpha Centauri, que es el nombre que se le da al sistema estelar más cercano al Sol, para hablar del arte nos basamos en suposiciones. Porque una definición denota la marcación de un límite del significado y si bien el arte existe desde que el hombre es hombre y a lo largo de su historia ha intentado ser definido y des-definido una y otra vez, todavía persiste en él la incertidumbre ante su cada vez mayor ausencia de límites. ¿Es posible, entonces, hablar de límites del soporte cuando el propio significado de arte es abierto y discutible?

Ante esta problemática de indefinición, lo único que queda es el vértigo e incluso el miedo a lo desconocido. Frente al temor, los modelos a escala se exhiben dentro de una caja de vidrio y tanto la pintura como el video, respectivamente representan y reproducen recortes seleccionados de la proyección de un video en un espacio casi herméticamente cerrado. En “Los límites del soporte”, el límite produce encierro, pero da miedo cruzarlo. Ahora bien, ¿Qué queda de la imagen cuando los límites son lo único que la definen?


Azul De Monte: Los límites del soporte

Galería Alpha Centauri, Buenos Aires, Argentina.

Agosto 2015