©Elenita Tavelli

  • Elenita Tavelli

Intruso en la gala del MET



Este año, la alfombra roja más loca, el carnaval de la primavera fashion, la mascarada

del MET o como queráis llamarle, se tiñó de azul para rendir homenaje a la diseñadora

de origen japonés, Rei Kawakubo.


Bajo su firma Comme des Garçons y el lema de que para que algo sea bello, no tiene

que ser necesariamente bonito, la mujer que sufre de alergia a las entrevistas viene

impactando al mundo entero con sus diseños radicales desde la década del setenta.

Pionera en el uso del monocromo y los cortes asimétricos, su intención nunca fue la de

crear ropa. Tampoco cree que el sentido de la moda tenga que ser el de embellecer o

volver más atractivas a las personas. En realidad, es en la fealdad más profunda de

prendas entre ridículas y sublimes, donde confía que pueden manifestarse las ideas y

hacer de la moda un arte conceptual.


Por esa razón, el museo neoyorkino vecino al Central Park ha decidido dedicarle una

retrospectiva. “Rei Kawakubo / Comme des Garçons: El arte de entre medio” es un

paseo por su historial de pasarelas punk, en las que volúmenes inusuales y

(des)proporciones over-size, se han encargado de trastornar la silueta humana y

empoderar a la anti-moda en su batalla contra el statu quo.


La edición 2017 de la gala y su dresscode propiciaban, entonces, el uso de prendas

absurdas e insolentes que rechazaran dogmas y traspasaran cualquier estigma social,

pero ni Anna Wintour, mentora del evento y directora de la revista Vogue, se animó a

ofender el “buen gusto”.


En ese sentido, Fyodor Pavlov-Andreevich fue un valiente. Demostró lo que pocos

entendieron, al igual que sucedió con el mítico primer desfile de Kawakubo en Paris,

recién iniciados los ochenta. Pánico, confusión y rechazo fue lo que ambos, con sus

acciones, originaron.


La alfombra roja del MET, acostumbrada a lucir caras bonitas vestidas por grandes

firmas que al día siguiente aparecerán en las portadas de todas las revistas, este año bajó

el pulgar al artista ruso de cuarenta y un años por su intromisión al baile, desnudo y sin

invitación. Encerrado dentro de una caja de vidrio poco más grande que una de zapatos,

Pavlov-Andreevich se paseó entre los flashes en posición fetal. Foundling (en español,

“huérfano”) es la quinta edición de una performance ya realizada en otros eventos

donde la alfombra roja se convierte en la protagonista del museo. Una donación que el

artista realiza de su propia obra al MET, que como las otras instituciones en las que

anteriormente logró infiltrarse, no posee piezas de arte performático entre sus

colecciones por ser ésta una disciplina que no solamente ignora, también rechaza.

Los guardias de seguridad, creyendo que se trataba de algún tipo de broma, tomaron la

acción demasiado en serio. Como el artista se rehusaba a salir y retirarse de la fiesta a la

que no estaba invitado, los hombres de negro no tuvieron mejor idea que cubrir la caja

con una sábana blanca y arrastrar el fantasma fuera del recinto.


Pavlov-Andreevich salió ileso y pudo vestirse justo a tiempo de que las cámaras lo

retrataran como Dios lo trajo al mundo. De todas maneras, fue arrestado y aunque logró

salir en el corto plazo, ya tendrá que enfrentar a la corte neoyorkina a principios de

junio. La caja aún sigue bajo custodia policial.



Acerca de la edición 2017 de la Gala del Metropolitan Museum de Nueva York

Mayo 2017

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