• Elenita Tavelli

Artistas por la eutanasia



Escucha mi voz

Mi voz te llevará de viaje

Mi voz emitirá sonidos para que desaparezcas

Tú relájate y ve profundo, profundo…


En 2017, entra en vigencia dentro del Código Laboral de Francia, el “Derecho a la Desconexión”. En esa parte del mundo, no contestar e-mails ni llamados de trabajo entre las 20:00 y las 7:00 hs, ya no será indebido, como al otro lado del océano, lo es trabajar desde la cama. Y no es sólo legal, también popular. Según The New York Times, alrededor del 80% de los jóvenes profesionales neoyorkinos, hoy trabaja, come, ama y duerme, si le da el tiempo, entre las sábanas y el edredón.

Nada nuevo si recordamos que Hugh Hefner ya lo hacía en los ’60. En plena década psicodélica, el magnate del entretenimiento para adultos había decidió cambiar el traje y la corbata por su icónica bata de satén, y expandir el imperio Playboy desde afuera de la oficina, en su mansión de Chicago.

“Arte, arte, arte”, diría Marta Minujin, la artista argentina que por ese entonces vivía becada en Nueva York y salía de fiesta con el mismísimo Andy Warhol. Es que ya por esa época, se había dado cuenta de que, por la noche, el trabajo no se terminaba; se iba de copas. Networking.

En Minucode (1968), la artista que desde ese entonces viste mameluco y gafas de sol, seleccionaba a quienes participarían de sus cocktails a partir de las encuestas que ella misma había publicado en distintos periódicos norteamericanos. De la misma manera que los medios, el marketing y la publicidad novedosamente seleccionaban y clasificaban a las masas, ella delegaba la tarea a un ordenador, que diagramaba los grupos según los datos y gustos personales de cada uno de los encuestados.


Ellos están ocupados;

Se mueven rápido entregando mensajes, moviendo cosas de un lado a otro,

Produciendo.


Mientras Saigón caía, las mujeres estadounidenses garantizaban la paz de sus esposos al regreso a sus hogares, con el suelo reluciente y la cena servida en la mesa. Ad honorem, claro. Como aprendices seriadas de Julia Child, a ellas la cocina francesa, tan precisa y delicada, se les hacía más fácil que meter la ropa en la lavadora y quedarse mirando, desde afuera, el tambor girar. Semiotics of the Kitchen (1975) era la parodia de esa visión estereotipada de la mujer como ama de casa perfecta que los medios ya se encargaban de reproducir, y no solo en pausas publicitarias. En una performance adelante del horno y la heladera, Martha Rosler sustituía el significado doméstico de los utensilios de cocina por un léxico de frustración y cólera. Una a una y por orden alfabético, iba enseñando todas las herramientas hasta, finalmente, convertirse en una ella misma.


Buscas el sentido del trabajo que deberías estar haciendo

Estás corriendo como si algo fuese a alcanzarte por detrás

Estás entrando en pánico, no sabes por qué.


Mladen Stilinović se cansó y un día dijo basta: “No hay arte sin pereza”. Artista trabajando (1978) le echaba la culpa de la muerte del arte al éxito del sistema económico occidental. La falta de práctica de la pereza había impedido a los artistas desarrollar su obra. La futilidad, la estupidez, la indiferencia y la inactividad, así como quedarse mirando a la nada eran, para el artista yugoslavo, elementos fundamentales para el arte. Y, como el acto creativo no podía tener lugar sin antes romper con la productividad, se le ocurrió que lo fotografíen durante un buen rato, tumbado en la cama haciendo literalmente nada.

A lo largo de toda su existencia y bajo una lógica de rentabilidad constante, el capitalismo nos ha obligado a mantener un ritmo de vida cada vez más frenético. Al principio, sólo hizo falta una bombita de luz y un interruptor para acabar con la frontera entre el día y la noche e independizar al trabajo del sol. Después, los medios masivos quitaron a los santos y las vírgenes de las repisas para colocar, primero radios, luego televisores. Una caja boba hasta los años ’80, que cortaba su programación para respetar las horas de sueño y que, hoy, su programación se estiró hasta hacerse infinita, igual que la publicidad. Aún más, ahora somos capaces de elegir qué y cuándo ver lo que queramos en la tele, el portátil, la Tablet o el Smartphone. Sea donde sea, todo está disponible las 24/7, como el Carrefour de Lavapiés o la artista Begoña Olavarrieta, que deja su número en la exposición de Centro Centro para que la telefoneen a cualquier hora del día, aunque se comente por lo bajo que la han llamado y no contestó.


Estás en el baño ahora, aquí nadie te vendrá a buscar

Es el único lugar a donde puedes ir

Aquí estás a salvo

No estás disponible.


24/7. Conectados es un pedido de desconexión. Una exposición colectiva en un Palacio de Comunicaciones obsoleto que no tuvo más remedio que convertirse en centro cultural. A través de las obras de catorce artistas, se pretende reflexionar sobre el impacto de Internet en los límites que separan el tiempo productivo del tiempo ocioso. Pero, aunque mucho lo intente, se le hace imposible ocultar que el problema existe desde hace bastante antes que la triple “w”. Quizás nosotros lo estamos viendo ahora y ellos lo vieron antes. Que la eutanasia, el derecho a desconectar al enfermo de la máquina que respira por él y lo mantiene encendido pero muerto, otorga la posibilidad de dormir en paz, algo que en vida es imposible lograr.


Las pantallas parpadean, los autobuses ya no circulan, los supermercados dejaron de trabajar porque los trabajadores ya no trabajan más.

La vida laboral se ha frenado.

Ahora siente el alivio de saber que todos los trabajadores se están escondiendo en el baño como tú…

Te sientes libre. Ya no estás trabajando.


24/7 Conectados

CentroCentro, Madrid, España.

Abril 2017

©Elenita Tavelli