• Elenita Tavelli

“A mí el mito no me va a sepultar”


Si Argentina es tierra de contradicciones, Buenos Aires es su puerto. De partida y de llegada, de sueños y pesadillas, de habla hispana, cocoliche y lunfarda. El mito celeste y blanco, más unitario que federal, para todos es cielo e infierno.

De los creadores de “Mi voto es no positivo” y “Argentina es un país condenado al éxito", la inoperancia de muchos políticos criollos pasó a la historia en forma de absurdas construcciones gramaticales. La peor, la que empapelaba las calles porteñas mientras los gritos de “¡Gol!” se televisaban en vivo al mundo entero desde El Monumental, justo en frente del centro de tortura más grande que ocultó la dictadura. El mundial del ’78 calló el terrorismo de Estado en Argentina mientras los militares lavaban su imagen con 250.000 calcomanías que cantaban: “Los argentinos somos derechos y humanos”.

A los festejos del 3 a 1 contra Holanda, los fumigó un miedo en Estado de sitio. Charly y León Gieco ponían ritmo a las preocupaciones por los temas sociales y "serios", pero la gente no se despertaba. En eso llegó Virus, una banda new wave que se proponía seguir al pie de la letra las “estrategias de la alegría” de Roberto Jacoby (Buenos Aires, 1944). Como bien se defendía el artista cuando la prensa los tildaba de frívolos, “en medio de la tragedia, bailar y disfrutar de estar juntos puede ser vivido también como un acto político de tremenda potencia disruptiva".

Si Jacoby lo decía, era porque sabía. Después de años, se había dado cuenta de que ya no era posible pensar en la transformación de la realidad a través del arte, aun cuando éste fuese de vanguardia. Tanto Experiencias Di Tella ’68, con la posterior clausura del premio y la quema de obras en la calle, como Tucumán Arde, la campaña mediática de investigación organizada por artistas en la CGT de Buenos Aires y Rosario, habían marcado un punto de inflexión. Si en 1968 la vanguardia en Argentina pretendía seguir siendo un elemento perturbador, ya no podía actuar dentro del marco de las instituciones y ser cómplices de la política desarrollista que administraba el Estado represor.

En Experiencias ’68, el público se abalanzaba para garabatear obscenidades en la obra que ese año había presentado el artista Roberto Plate, la escenificación de un baño público. Alguien se pasó de vivo y escribió algo en contra del Gral. Onganía, la policía inmediatamente colocó una valla de sanción y más tarde, directamente se clausuró la entrada a la exposición. Los artistas, en solidaridad con Plate, sacaron las obras a la calle y las prendieron fuego y el Instituto Di Tella cerró a pocos meses del escándalo.

El “pop lunfardo”, entonces huérfano, mutó a una vanguardia más comprometida con las problemáticas político-sociales del momento, que tuvo su punto de arranque en Tucumán Arde. Una experiencia de contrainformación, que denunciaba el poder manipulador de la prensa con respecto a los conflictos socioeconómicos que estaba sufriendo la provincia de Tucumán a razón de la crisis azucarera. Mientras la prensa callaba la situación, el turismo vendía la selva tucumana como “El Jardín de la República”, cuando más bien era “El Jardín de la Miseria”.

En la CGT de Rosario y Buenos Aires, quienes participaron de esta acción, exhibieron la información recogida directamente de la zona y compartieron al público café amargo (por la escasez de azúcar a nivel país) mientras le apagaban las luces cada dos minutos (el tiempo promedio en que se producía una muerte infantil en el noroeste argentino).

Roberto Jacoby estuvo en todas y a todas las conserva en su archivo, presentado en forma de retrospectiva en el MNCARS, allá por 2011. A diez años de la crisis de 2001, “El deseo nace del derrumbe” desembarcaba en el gigante rojo de Atocha con documentación que no discriminaba investigadores burocráticamente autorizados de simples curiosos; podía ser estudiado por quien sea.

Pero lo más interesante, quizás, era ¡1968, el culo te abrocho! (1968-2008). Una broma entre niños, que en criollo quiere decir “te engañé”. A cuarenta años de los sucesos de aquel mítico ’68, mientras la burbuja inmobiliaria estallaba y la del arte despegaba, por el hemisferio norte empezaba a sonar algo de un “conceptualismo latinoamericano”. Los documentos de las acciones de ese mítico año se tradujeron al inglés, y voilá: el arte argentino adquirió (cierto) valor de mercado. Con él, la radicalización política, la violencia como material estético, la ruptura con el circuito institucional y la desmaterialización de la obra de arte que los artistas tanto habían pronosticado y defendido en esa época, finalmente se volvieron un mito tan consumible como venerable. Un fetiche, que hoy está de vuelta en el barrio, pero esta vez, expuestos y comercializados por la Galería Bacelos.

¡1968, el culo te abrocho! es una serie de impresiones digitales provenientes del archivo que el artista conserva de ese año. Sobre ellas, se sobrescriben frases de lo más variadas, que van desde letras de canciones escritas por él hasta citas a Chejov.

Por encima de la oblea de difusión de Tucumán Arde, por ejemplo, se lee “como dulce fruta de estación te devoré”. Sobre una foto de Jacoby en “Experiencias ‘68”, justo antes de que se desate el escándalo, el artista que una vez declaró que a él el mito no lo iba a sepultar, grabó: “Sentir, sentir, sentir, sentir y si el sentido se ha ido no queda más que sentir, sentir, sentir…”.

Las experiencias en el Di Tella hacían de la sensación un concepto y Roberto Jacoby, en esa edición del premio que pocos intuían que sería la última, presentó su “Mensaje en el Di Tella”. La instalación estaba compuesta por la imagen de un afroamericano protestando en contra de la Guerra de Vietnam, la proyección en vivo y en directo de los sucesos del Mayo Francés y un panel negro, que llevaba escrito: “…El futuro del arte se liga no a la creación de obras sino a la definición de nuevos modos de vida, y el artista se convierte en el propagandista de esos conceptos. El 'arte' no tiene ninguna importancia. Es la vida la que cuenta. Es la historia de esos años que vienen.”

En ese sentido, ¡1968, el culo te abrocho! funciona como una especie de resumen no solamente de ese año, también de la obra más importante de Roberto Jacoby, su archivo. Allí donde conserva todas las acciones de las que participó y las redes de sociabilidad utópicas que ha intentado forjar a lo largo de su carrera, todo eso que no tiene fisicidad, su vida misma.



Roberto Jacoby: Circuitos Comunicativos

Galería Bacelos, Madrid, España.

Abril 2017

©Elenita Tavelli